

Un pequeño blogcito, para llevarse en un bolsillo o en una mochila mientras se recorre y se da vueltas alrededor del globo, lleno de palabras y de mundos inventados.



El balcón
En el verano de un balcón, en Francia,
Ritmos de la esclavitud
contra amarguras y penas.
Al compás de las cadenas
Ritmos negros del Perú.
De África llegó mi abuela
vestida con caracoles,
la trajeron lo´epañoles
en un barco carabela.
La marcaron con candela,
la carimba fue su cruz.
Y en América del Sur
al golpe de sus dolores
dieron los negros tambores
ritmos de la esclavitud
Por una moneda sola
la revendieron en Lima
y en la Hacienda “La Molina”
sirvió a la gente española.
Con otros negros de Angola
ganaron por sus faenas
zancudos para sus venas
para dormir duro suelo
y naíta´e consuelo
contra amarguras y penas...
En la plantación de caña
nació el triste socabón,
en el trapiche de ron
el negro cantó la zaña.
El machete y la guadaña
curtió sus manos morenas;
y los indios con sus quenas
y el negro con tamborete
cantaron su triste suerte
al compás de las cadenas.
Murieron los negros viejos
pero entre la caña seca
se escucha su zamacueca
y el panalivio muy lejos.
Y se escuchan los festejos
que cantó en su juventud.
De Cañete a Tombuctú,
de Chancay a Mozambique
llevan sus claros repiques



Esta correspondencia entre un jovencísimo Juan Rulfo y su entonces novia Clara Aparicio Reyes, fechada entre 1945 y 1950, incita a repasar el milagro de su literatura: intensidad y lucidez, ironía y profundidad. En estas cartas Rulfo hace alusión a su obra incipiente, a su pasión por la fotografía y a sus inquietudes artísticas e intelectuales, al mismo tiempo que nos descubre también el curioso lado confesional de su escritura y la evolución sentimental del recién llegado a una ciudad devoradora.








Juan Rulfo, Del Paramo A La Esperanza


Saber que duermes tú, cierta, segura
- cauce fiel de abandono, línea pura -,
tan cerca de mis brazos maniatados.
Insomnio-Gerardo Diego